Las dos cualidades que necesitan los independentis
Xavi Molins
Xavi Molins
La ambulancia
¿Sobre qué escribo en esta web? Libros, viajes, emprendimiento, política, fútbol... y sobre todo aquello que me apetece compartir contigo.



Las dos cualidades que necesitan los independentistas catalanes para ganar
Publicado el Martes 17-10-2017 - (8 comentarios)


Independencia de Cataluña


En la vida hay tres grandes decisiones que se deben tomar. Evidentemente hay muchas más, pero son sólo tres las más vitales y en las que no te puedes permitir un error:
A qué te dedicarás.
Si compartirás tu vida con alguien y quién será ese alguien.
Si tendrás hijos.

El origen de la infelicidad de mucha gente está en equivocarse en estas tres importantes decisiones, y por eso en las sociedades de hoy en día abundan personas que se arrastran frustradas porque invierten su tiempo en algo que no les gusta, comparten su vida con alguien a quien no aman y tienen que aguantar a unos hijos que quizás no hubieran tenido si hubiesen sopesado los pros y los contras en lugar de aceptar por inercia lo que socialmente está estipulado.
El drama de estas personas no está propiamente en errar al tomar esas decisiones, sino en no rectificar al saber que quizás se estaban equivocando, abandonándose a la cobardía de no querer cambiar, valorando mucho más la estabilidad presente que una posible felicidad futura. Es el fracaso de los conformistas, que dan por bueno lo poco que tienen a costa de perder la oportunidad de obtener mucho más.

Lo más lógico, es que en estas tres grandes decisiones no aciertes a la primera. Es poco factible que la idea inicial sobre lo que vas a hacer el resto de tu vida sea la correcta. También es hartamente improbable que tu primera relación sentimental sea con la que será tu pareja el resto de tu vida. Y también en el caso de tener hijos, cuando se es joven suele predominar la opción de no tenerlos.

La llave de la felicidad consiste en tener la valentía suficiente como para ser capaz de cambiar cualquiera de estas tres decisiones, superando el vértigo que da desprenderse de algo estable y seguro para lanzarse a la aventura de lo incierto.

Curiosamente, en estas tres decisiones, yo me equivoqué en un buen inicio. Pero en las tres ocasiones rectifiqué a tiempo, y eso me ha convertido en una persona feliz y satisfecha conmigo mismo. Seguramente no me hubiese perdonado no haber actuado con valentía en aquellos momentos clave, pero afortunadamente lo hice.

Si hay algo que tuvieron en común esos tres momentos cruciales de mi vida, fue la aceptación por mi parte de que mis decisiones me iban a procurar un tiempo inicial de infelicidad, superado el cual empezaría a disfrutar de lo que creía que merecía.
De hecho, recuerdo con total nitidez la sensación que tuve a los 17 años cuando decidí abandonar los estudios de relojería.
Incluso ahora en mi edad adulta, desde la perspectiva que me da observarlo todo desde la distancia, a veces me pregunto cómo pude ser tan maduro a esa temprana edad al tomar una decisión tan importante teniendo la absoluta certeza de que aquello me iba a acarrear una época de desdicha, un periodo largo de adversidad. Recuerdo incluso conversaciones conmigo mismo, en las que me alentaba: “Venga, Xavi, vienen años difíciles, pero valdrá la pena”.

Dejar los estudios de relojería significó renunciar tajantemente al sendero marcado de la tradición familiar, que sí en cambio siguió mi hermano, tres años mayor que yo.
La impopular decisión de abandonar ese camino se tradujo en el incontinente y enfermizo reproche de la gente de mi alrededor. No fueron precisamente mis padres y mi hermano quienes me castigaron recordándome a todo lo que renunciaba, sino mis amigos y mi familia menos directa.
Lo que lo convertía todo en dramático, es que había renunciado a un camino fácil y seguro sin tener ningún tipo de alternativa. De hecho, no tenía la más minima idea de lo que quería hacer en la vida. Sumido en la más profunda desorientación, empecé a deambular por todo tipo de trabajos de baja cualificación: mozo de almacén en una perfumería de barrio, peón de fábrica, mensajero…
Paralelamente, mi hermano avanzaba en su camino firmemente. Su éxito hacía más visible a ojos de los demás mi supuesto fracaso, porque a medida que pasaban los años, él prosperaba y se compraba motos, coches y ropa nueva cada semana. Yo, en cambio, me levantaba muy temprano para descargar cajas y ganar un sueldo miserable. La presión de mi entorno se hacía cada vez más inaguantable, y siempre salía a relucir la eterna comparación y el sempiterno comentario sobre lo idiota que yo era al renunciar a todo lo que hubiera podido tener si no me hubiese desviado del camino. Yo siempre tuve el mismo argumento, que fue el de decir que la diferencia entre mi hermano y yo radicaba en que a él si le gustaba la relojería, la joyería y la perspectiva de pasarse horas y horas sentado en una silla. Pero lo cierto es que nunca conseguí convencer a nadie.

Los años iban pasando, y a pesar de no encontrar mi propio camino, nunca tuve la tentación de volver atrás. Había tomado una decisión importante, me había convencido de que vendrían tiempos difíciles y estaba dispuesto a asumirlo porque estaba plenamente convencido que me esperaba un futuro esplendoroso. No tenía ningún tipo de dudas, ni siquiera cuando me sonaba el despertador a las 5 de la mañana para ir a trabajar a turnos en aquella imprenta cuyo olor a productos químicos me provocaba intensos dolores de cabeza.
Seguía en busca de mi camino, y no me importaba tardar en encontrarlo. Yo ya me había convencido de que mi calvario duraría años y estaba dispuesto a aceptarlo porque al final de todo me esperaba la felicidad. No tenía ninguna duda de ello.

Los años siguieron pasando, y cuando ya tenía 25 y ya habían pasado 8 desde que había tomado la decisión de desviarme de la ruta marcada, todavía trabajaba fregando platos. Recuerdo que ni en esos momentos perdía la esperanza de hallar mi vocación. Pero sí que es cierto que tuve momentos de desamparo, que se retroalimentaban con el aumento de los juicios hacia mi vida que los demás hacían.

Recuerdo especialmente que cada vez que iba a ver a mi abuela, ella me insistía en que recapacitara, que diera marcha atrás y que le pidiera a mi padre trabajar en alguna de sus joyerías. Un día no pude más, y le dije que si cada vez que iba a visitarla me repetía lo mismo, dejaría de ir a verla. Se lo dije alzando la voz, amenazante, y acabé mi frase con un severo portazo. Aún no había bajado todas las escaleras que me llevaban a la calle que ya me había arrepentido de mi actitud. Aquel día lo recordaré siempre, y si existiera una máquina del tiempo, me gustaría volver atrás para poder borrar aquel episodio. Pero siempre me he justificado a mí mismo, porque recuerdo que la frustración que sentía al no haber encontrado todavía mi camino me sumía a menudo en un intenso desasosiego. De hecho, no me explico cómo pude aguantar tantos años y no desfallecer. No sé de dónde sacaba las fuerzas para levantarme por las mañanas para ir a trabajos desdeñables sabiendo que había renunciado voluntariamente a una comodidad y una estabilidad económica envidiable. No sé cómo podía soportar los comentarios de la gente juzgándome y tachándome de insensato.

Pero finalmente, y con el paso del tiempo, todo se fue poniendo de cara y a los 29 años encontré mis dos vocaciones, que hoy en día son mis dos oficios: viajar y escribir.
Si tuviera que definir mi éxito de una manera solvente y rápida, lo haría a través de la respuesta que doy a la frecuente pregunta que me hacen sobre la cantidad de horas que trabajo al día. Porque la respuesta es que no lo sé, puesto que la línea divisoria entre lo que es mi trabajo y mi hobby es tan difusa que la mayoría de veces no sé si estoy trabajando o estoy fuera de mi horario laboral.

Nada de lo que he disfrutado en los últimos 13 años, viajando por el mundo y escribiendo, hubiera sido posible si a los 17 años no hubiera tenido la valentía de asumir que tomaba una importante decisión que sabía que me iba a condenar a unos años complicados. La aceptación de que venían tiempos difíciles ha sido una de las posturas más maduras que he adoptado jamás, y seguramente nada de lo que haga el resto de mi vida me producirá un orgullo tan grande hacia mí mismo como la estoica resignación del que sabe que va a sufrir pero que está dispuesto a aceptarlo porque sabe que al final del túnel siempre llega la luz.

Por eso, la máquina del tiempo con la que me gustaría borrar la escena del portazo en casa de mi abuela, también me gustaría tenerla para que el hombre de 42 años que soy hoy pudiera encontrarse con el muchacho de 17 años de ayer, y poder agradecerle aquella valentía sin la cual hubiese sido imposible ser el hombre feliz y realizado en quien me he convertido. Me gustaría mirarle a los ojos, abrazarle, y darle ánimos para aguantar 12 años de desorientación, de desconcierto, de dudas, de soportar comentarios de los demás, de sentirse incomprendido, de ignorar augurios catastróficos del entorno… Me encantaría poderlo mirar de frente, darle el aliento que necesitaba y decirle al oído: “Valdrá la pena. Te juro que valdrá la pena”.

Lo que necesita el independentismo catalán, es precisamente la valentía de aceptar que la decisión tomada de separarse de España lleva consigo unos cuantos años de dolor y de sufrimiento. La osadía para asimilarlo es imprescindible para resultar victorioso. El independentismo ha pecado en el mal cálculo de lo que significa el importante paso que va a dar, en parte porque sus líderes han mentido en explicar lo que iba a suceder, o en el mejor de los casos porque esos líderes han sido ingenuos y se han equivocado en sus vaticinios.
Aún sin declararse la independencia, han sido muchas las empresas que han trasladado sus sedes a otro lugar, han sido varios los bancos que también se han ido a otra parte, y son infinidad las amenazas recibidas. Esto sólo es el principio. Todavía queda el absurdo boicot a los productos catalanes, que si en ocasiones anteriores ya se han producido por motivos menores, cabe esperar una respuesta todavía más contundente en este sentido.
Y aún puede ponerse en marcha toda la maquinaria intimidatoria de encarcelar a los líderes políticos, de represaliar a todo aquel que defienda abiertamente la independencia, de ilegalizar partidos políticos y de utilizar la violencia como arma de represión como ya se hizo el pasado1 de octubre.

El panorama es ese, y es vital para el independentismo concienciarse de que los años que vienen van a ser muy duros, para poder apelar a la valentía necesaria para hacer frente a todas esas penurias con la simple esperanza de que la decisión tomada va a reportar beneficios al cabo de unos cuantos años.

Aparte de valentía, lo que también necesita el independentismo es generosidad.
Para ser más preciso, la más grande de las generosidades, que es aquella que hace posible soportar el sufrimiento a sabiendas de que lo conseguido va a ser disfrutado por otros. Porque muchos de los que hoy luchan por la independencia, morirán sin disfrutar de las ventajas de ser un país independiente. De hecho, muchos ya han muerto luchando por ello sin llegar ni siquiera a vislumbrarlo.

Pero en la historia siempre sucede así, y los grandes cambios nunca son disfrutados por los que luchan por ellos, puesto que los pasos importantes necesitan mucho tiempo para consolidarse y dar frutos. Para que hoy las mujeres puedan gozar de un estatus de igualdad con el hombre muy superior al de hace 50 años, fue necesario que mucho antes hubieran mujeres que ya empezaran a luchar. Fueron mujeres que murieron sin gozar de los derechos por los cuales se dejaron la vida y que generaciones posteriores sí han podido disfrutar.

Sin ir más lejos, nuestra generación se ha visto favorecida por un estado de bienestar conseguido gracias a que generaciones pasadas se dejaron la piel para que nosotros pudiéramos vivir mejor.
Si nuestros abuelos no hubieran luchado contra Franco y no hubieran resistido 40 años de dictadura, no hubiésemos tenido la democracia que se instaló en España a partir del 1975. Mucha gente murió defendiendo sus ideas para que nosotros pudiéramos vivir en un mundo más digno, y fueron muchos los que estuvieron dispuestos a sufrir si con ello se podía conseguir una sociedad mejor.

Hay dos momentos claves en la historia de la Cataluña del siglo pasado que nos pueden arrojar un poco de luz acerca de la idiosincrasia de los catalanes.
El primero sería el exilio republicano en los años 30 y 40, cuando unos 400.000 catalanes se exiliaron en Francia y acabaron en campos de concentración. Eso quiere decir que la mayoría de catalanes de hoy en día ha tenido un abuelo o un bisabuelo que pasó por el horror de los campos de refugiados del sur de Francia.

Otro momento importante es la inmigración masiva procedente del sur de España, que superó el millón de personas. Eso también nos ofrece un dato revelador, y es que la mayoría de catalanes tiene en sus venas sangre de inmigrante.
Así pues, el retrato robot del catalán de hoy en día sería alguien como yo: con una parte de familia descendiente de los exiliados que pasaron por los campos de concentración de Francia, y la otra parte de familia de inmigrantes que soñaban en una vida mejor y que se fueron de su tierra para labrarse un porvenir más esperanzador en Cataluña.

Los catalanes de ahora somos los herederos de aquellos luchadores que defendieron la libertad hasta las últimas consecuencias, y de aquellos valientes que lo dejaron todo atrás para iniciar una nueva vida.
Somos la mezcla de la fuerza de los que resistieron, de la valentía de los inconformistas que no dudaron en dejar lo poco que tenían para conseguir algo mejor, del coraje de los que sufrieron pensando que su padecimiento favorecería a otros…
Hemos sido nosotros quien hemos disfrutado de lo que consiguieron con su esfuerzo, su sufrimiento y su tenacidad.
Ya no podremos devolverles el favor que nos hicieron, pero siempre podremos luchar para que las generaciones que vienen por detrás nuestro disfruten de algo mejor de lo que hemos tenido nosotros, y eso pasa por aceptar que quizás los próximos años serán muy difíciles, pero que al final del túnel siempre está la luz, a pesar de que muchos de los que hoy están luchando no podrán verla.



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8 Comentarios
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16/10/2017 - Javier
No quiero parecer pesado con el tema Xavi, pero sigo sin encontrar respuestas que me ayuden a entender este problema que nos acontece!! Porque si, es un problema!!
nombras la constitución que después de mucho esfuerzo y represión (para todos) pudimos formar y firmar con el apoyo y esfuerzo de TODOS (catalanes, vascos, andaluces...) y que ahora vosotros rompéis unilateralmente...alentados por una “no mayoría” de los catalanes...
Hablas de la multiculturalidad de Cataluña...un ejemplo para muchos pueblos pero olvidas que muchos de ellos no apoyan la iniciativa de independentismo que os llevara a la separación del resto del estado...
Yo personalmente Creo en la reforma de la constitución en la plurinacionalidad de España, en dar más autonomía a las comunidades, pero jamas creeré en que dividir sea la solución...
Que se busca con proclamarse una nación catalana? Que viviréis diferente? Que podréis hacer que no hacéis? Que no tenéis ahora y que obtendréis con la independencia? Creéis que os roban sin mirar lo que han hecho los gobiernos que gobiernan allí...(yo también me siento estafado y robado por la clase política)...cambiémoslos a ellos (democráticamente)
Por favor te pido que no uses la palabra represión (como generalidad de lo que pasa en Catalunya) para afirmar lo que pasó el día 1/10 (actos con los que estoy completamente en desacuerdo por su violencia y desproporción) cuando hemos visto que en otras ocasiones se han utilizado los mismos métodos por parte de los cuerpos de seguridad del estado mossos incluidos y nunca se ha utilizado esa palabra (por ejemplo en el desalojo de la plaza Catalunya con motivo del 11-M) donde se empleó una fuerza y violencia similar y en todo momento se justificó desde el govern como “la fuerza estrictamente necesaria”...
Parlem , hablemos, hagamos todo lo necesario para llegar a un acuerdo, entre todos...para vivir en paz, sin dividir , sin amedrentar, sin coaccionar, sin violencia...estamos perdiendo un poco el norte...seamos sensatos, seamos personas otra vez!!
18/10/2017 - Xavi
Hola Javi!!!!
Bueno, ya he regresado de Malta, tengo ahora más tiempo, así me dispongo a contestarte.

En primer lugar, me gustaría dejar bien claro que tanto tú como yo estamos hablando de una constitución que se firmó en el 1978, justo después de una dictadura que evidentemente perjudicó a todos, pero especialmente a Cataluña. Si aquella constitución hubiese sido mucho menos benévola con los catalanes, la hubiésemos firmado igualmente porque cualquier cosa era mejor que lo que había. Pensar que en 2017 es lógico seguir con esa constitución, es un insulto a los catalanes y a buena parte de los españoles.

Tardaría media vida en explicarte todo lo que encuentro mal de esa constitución, pero para no alargarme iré a lo que nos interesa, que es tu reproche de que los catalanes queremos romperla unilateralmente.
Como bien sabes, el referéndum que quiere Cataluña (un 80% de la población, con lo cual podemos generalizar) es ilegal porque así lo dice la Constitución.
¿Sabes lo que era ilegal también en la Constitución? Rescatar bancos con dinero público. ¿Sabes cómo se solventó? Se juntaron PP y PSOE, un fin de semana, y la cambiaron. Así de sencillo.
Lo que convierte al referéndum en ilegal, es la voluntad de la mayor parte del congreso de España, que simplemente no quieren autorizarlo porque les da miedo el resultado. Pero legalizarlo es tan sencillo como legalizar los rescates a los bancos con tus impuestos y los míos, es decir, voluntad para hacerlo.

Más cosas que me preguntas:
¿Que se busca con proclamarse una nación catalana? ¿Que no tenéis ahora y que obtendréis con la independencia?
Te hago una lista rápida, sin ahondar demasiado:

1)- En primer lugar, y de forma automática: ser una república y no una monarquía. La monarquía representa la forma más pura de racismo. Que una persona tenga unos privilegios simplemente por tener cierto tipo de sangre, es algo que nos enerva. Fíjate que cuando hablamos de construir un nuevo país, siempre hablamos de construir una nueva república.

2)- Poder organizar referéndums continuamente sobre temas de interés general. Es decir, queremos ser como Suiza, no como Angola. Y ya hemos visto que en materia de referéndums, España está más cerca de Angola que de Suiza.

3)- Conservar la lengua catalana. Viendo un futuro extremadamente globalizado con tres grandes lenguas arrasando (inglés, español y chino) la única manera de conservar el catalán es un estado propio que lo defienda. Como comprenderás, me tomaré como un insulto si me dices que España sí lo hace. En los últimos 100 años, 2 dictaduras han intentado acabar con él y los ataques a nuestro sistema educativo son continuos. Y te pido por favor que no me niegues esto. De hecho, estás hablando con alguien a quien en 1994, casi 20 años después de la muerte de Franco, fue arrestado en la mili por hablar catalán.
Los catalanes siempre hemos soñado con ser bilingües y así lo hemos intentando. Pero la realidad es que en 2017, todos los catalanes saben hablar y escribir castellano al mismo nivel que en cualquier lugar de España, pero no todos los catalanes saben hablar y escribir catalán.

4) Ser un país de menos de 15 millones de habitantes. Los países pequeños son más estables, más prósperos y más igualitarios que los grandes. Solo hace falta que te fijes en los países europeos donde más calidad de vida tienen. Son los mismos que sufrieron menos en la crisis económica de esta última década.

5) Autogestionar nuestros propios recursos e infraestructuras. Es sencillo, ¿verdad? Y legítimo. No puede ser que, por poner sólo un ejemplo, a día de hoy no esté consumado el corredor mediterráneo. Cualquier cosa siempre depende de Madrid. Es lógico que tú como madrileño no quieras cambiar esto. De hecho, si la capital de España fuera Barcelona y el centralismo predominante fuera a favor de la capital catalana, la mayoría de catalanes tampoco se querrían independizar. Es la típica y lógica posición en este tipo de conflictos: el que sale ganando con el sistema, no quiere cambiarlo. El que sale perdiendo, sí.

Podría seguir con el listado… pero acabaría siendo un mensaje kilométrico y tampoco es plan.
Son sólo pequeños ejemplos para que veas que lo catalanes tenemos nuestras razones para querer independizarnos. Te lo digo porque seguramente, y si sólo consumes medios de comunicación españoles, tendrás la absurda creencia de que los catalanes queremos independizarnos porque odiamos a España y a los españoles.
¿Tú de verdad crees que yo te odio? ¿Tú crees que yo he odiado a mis abuelos de Murcia? ¿Tú crees que yo odio a mis tíos, a mis primos, etc..?

Te lo voy a decir de manera muy sincera, y voy a escribirlo imaginando que te estoy mirando a los ojos. Te voy a decir en pocas palabras la razón por la que muchos catalanes (falta saber el tanto por ciento, pero es difícil saberlo sin un referéndum) queremos irnos de España.
Pero debes ser valiente y no dejar de mirarme a los ojos.
Sé que será duro.
Lo entiendo.
La verdad siempre hace daño, especialmente cuando alguien te la dice sin tapujos.
Y eso es lo que voy a hacer.
Muchos catalanes nos queremos ir de España porque creemos que sin vosotros nos irá mejor.
Sí, ya sé que duele.
Es difícil aceptarlo.
La exaltación del patriotismo español de las últimas semanas responde a la herida que provoca cuando alguien te dice que ya no quiere compartir su vida contigo, similar a la frustración de cuando una pareja te deja porque cree que sin ti será más feliz.

Parlem? ¿Hablamos? Cuando queráis, y el tiempo que haga falta. Pero el diálogo debe servir para que tú me convenzas de que vale la pena ser español. Si tu idea del diálogo es que hablemos de todo pero que yo no podré expresarme y estoy obligado a ser español porque eso es lo que tú quieres, por mi no hace falta ni que empecemos. Eso no es un dialogo, eso es una imposición, que es lo que el gobierno español lleva muchísimos años haciendo al prohibirnos expresarnos sobre si de verdad queremos ser parte de este proyecto que es España.

Espero haber respondido a tus preguntas…

Un abrazo y nos vemos pronto!!!!
17/10/2017 - Tonie
HOla Xavi,
comparar tu experiencia personal (importante) con el procés no ha lugar. Primero, en catalunya no somos UNO que decide su destino. Se ha obviado a mas de la mitad de la población, tanto en el referendum, como en el resultado, como en la forma. Un referendum no acordado, sin las condiciones para que TODOS Y TODAS las catalanas se pueda pronunciar, no me parece comparable a la decisión personal de abandonar unos estudios.
Que conste que toda tu experiencia personal es por la que tendrian que pasar muchas personas para no acabar siendo unos frustrados y amargados, como mínimo.
Aparte de esto, partir de la base que los catalanes (en general) quieren la independencia para empezar una nueva vida sencillamente es FALSO. Que unos tengan asociaciones que funcionen bien, como altavoz y movilización es una cosa. Que sean mayoria, es otra.
Tanto dentro de España como fuera hay posibilidades de cambio en nuestras vidas. Quiero decir que ¿como han sobrevivido otras naciones o regiones a su destino dentro de otros estados? En un trabajo, con una pareja que no amas, es una decisión indivicual, ¿pero que esté pasando todo lo que está pasando en catalunya no es por que una MAYORIA lo haya decidido?NO. Se han saltado normas en el parlament, se ha engañado a la población tanto por parte del estado español como del parlament català. Nos manipulan continuamente y hacen creer que los independentistas son PROGRES, amantes de la libertad y la democracia, y los no independentistas son FACHAS, antidemocráticos y que añoran el franquismo. Fatal error. Siempre he sido de izquierdas, y no soy independentista.Y no creo que la única solución sea la ruptura total. Se puede compartir piso, y sus gastos, y quehaceres, sin llegar a ser pareja ni intimar, solo por una cuestión práctica, si nos ponemos a buscar similitudes con la vida cotidiana.
17/10/2017 - toti
El teu escrit avui ha sigut la inflexió per entendre, i suportar, tot el que li està passant a la nostra estimada Catalunya en vers una brutal represió institucional (per no parlar de l'altre tiuos de represió) d'un estat que vol i dol.
Vol (necessita) estar en el segle XXI, pero li dol ser democrátic.
Tens tota la raó quan dius que molts dels qui varen lluitar per la llibertat malauradament ja no hi son entre nosaltres.
Tot el que jo estic fent en pro d'una propera i pròspera Catalunya Republicana ho faig en agraiment a molts dels nostres pares que varen lluitar en el bándol Republicà vs un govern spain colpista i feixista. I... en ares d'els meus fills i nets, es clar.

Felicitats per la teva valentia en vers la teva trajectoria laboral.

PD. Javier; sin pretender entrar en una situación polémica (obviamente no es el objetivo de Xavi) pero respondiendo a tu entrada a trapo en las descalificaciones...; meas fuera del tiesto.
Si quisieras ser constructivo (sólo he dicho 'si quisieras ser', o quizás parecer) empieza a dejar de estar a la defensiva. Construye..., no destruyas... Con curiosos personajes como tú el mundo no avanzará; más bien retrocederá... Y retrógradas... sobran.
17/10/2017 - Anna
Parlem? Para que haya diálogo es necesario por lo menos 2 interlocutores. Se ha intentado muchas veces dialogar con el Gobierno antes del 1-O, 18 veces, con la misma respuesta: No.
Por un lado, siguen buscando ese diálogo y mediación internacional. Por el otro, siguen escudándose en el No, en el miedo (fuga de empresas!), en la fuerza (la policía enviada por Rajoy sigue estando aquí hasta el 2 de noviembre por lo menos pq los catalanes somos gente 'muy violenta y peligrosa, y hay que ir a por ellos') y en una Constitución que se aprobó en la Transición, hace 40 años.
Para mí, la mejor solución sería un referendum pactado, cosa que no veo probable con la actitud poco democrática del Estado.
Entonces, qué nos queda? Quedarnos con los brazos cruzados y seguir tragando mierda? Pues lo siento, pero yo, al igual que mucha gente de Catalunya y España, no me siento representada y quiero algo mejor.
Article valent, Xavi. Una abraçada.
17/10/2017 - Ubay Serra Sánchez
Un gran artículo Xavi, me ha encantado conocer esa faceta de tu vida en la que sufriste y luchaste sin saber cómo para encontrarte con tu luz, que se veía incierta para los otros, pero clara en el fondo de tu alma. Y también por el paralelismo con el largo periplo que espera al independentismo catalán antes de ver la luz al final del túnel. Veremos si al final prevalece esa luz interior y esos sueños o bien la presión externa y las dificultades consiguen que el pueblo catalán desista de ese sueño independentista. Un fuerte abrazo y gracias por compartir tu vida personal y sobreponerla con tanta sutilidad y maestría con la situación de Cataluña. En mi opinión tiene mucha razón y estoy totalmente de acuerdo contigo.
16/10/2017 - Montserrat
Felicitats,
M'agrada molt la teva manera d'escriure i les teves reflexions tan valentes.
19/10/2017 - Antoni Carné
Me parece valiente y generosa la opción de Xavi de expresar con sinceridad su posición en este tema.

La situación actual de Catalunya y su relación con España es una cuestión que presenta infinidad de matices y aristas. Sin duda, sobre cualquiera de los aspectos que se citan en el texto de Xavi y en los comentarios posteriores hay mucho que hablar y debatir.

En este sentido, mi posición es no entrar en una dialéctica que, al menos para mí, se hace pesada y proclive a la tensión y el desacuerdo. Desde mi humilde punto de vista, prefiero buscar un marco más amplio que nos permita partir de una base común. ¿Cuál es para mí este marco? Pues los derechos fundamentales universales que las personas y los pueblos tienen por el simple hecho de existir. Sabemos que, como personas, todos tenemos derecho a una vida digna y a que no exista ninguna discriminación por razones de sexo, raza o cualquier otro aspecto que, a priori, parezca que nos hace distintos. Pero los pueblos, cuando tienen una historia y una singularidad propia enraizada no solo en el pasado, sino también en el presente, como derecho fundamental debe asistirles el derecho de autodeterminación, de decidir su propio destino como pueblo.

Este marco entiendo que es el que encaja en una visión democrática de las sociedades, y el que comparte una gran mayoría de los catalanes. Y es dentro de ese marco donde los estados y los pueblos que, permaneciendo a un estado en concreto, sientan esa reivindicación como legítima y compartida por una gran parte de su población, es desde donde debe buscarse la solución.

Por todo lo expuesto, a mi modesto entender, la solución -si se quiere, por supuesto, respetar este marco básico de derechos fundamentales- es bien sencilla: los gobiernos del estado español y de Cataluña deben dialogar para concretar un referendum acordado. Si el gobierno español niega este derecho básico que como nación tiene Cataluña, ciertamente, deberán imaginarse nuevos caminos que respeten ese derecho, siempre desde una vía pacífica y totalmente cívica.

Mi deseo de corazón es que el gobierno español, con la mediación internacional, reconduzcan su actitud y hechos actuales hacía una posición mucho más respetuosa con el derecho de todo pueblo a decidir su futuro, y lo hagan de la forma más pacífica y fácil posible.

Un saludo a tod@s!

Posdata: Los Jordis en prisión... sin ninguna prueba clara o concluyente que avale los delitos que se les imputan... no sé que decirles a mis hijos sobre la existencia de presos políticos en España...

 
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