Referendum de independencia en Cataluña
Xavi Molins
Xavi Molins
La ambulancia
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El proceso de independencia de Cataluña y la línea roja que todos tenemos
Publicado el Miércoles 21-06-2017 - (8 comentarios)


Referendum de independencia en Cataluña


Como era de esperar, ya tenemos aquí lo que hace tiempo se ha venido definiendo como el 'choque de trenes'. Era previsible, y tan sólo era cuestión de ponerle fecha.
Y será el próximo 1 de octubre. Ese es el día que el gobierno catalán ha fijado para que los catalanes vayamos a votar si queremos ser un país independiente o seguir siendo parte de España. Será un referéndum unilateral, no consentido por parte del gobierno español, que todavía no ha dicho exactamente cuáles van a ser sus próximos pasos en relación a este tema. Nunca ha sido un misterio cuál era su postura en referencia al referéndum, pero siempre lo ha sido saber cuáles iban a ser sus actuaciones.

El caso es que este es un conflicto que se está empezando a internacionalizar porque está directamente relacionado con la democracia, y más concretamente con la interpretación que de ella hacemos.
La democracia tiene una definición muy clara en su conceptualidad: “Forma de gobierno en la que el poder político es ejercido por los ciudadanos”.
Pero lo que no está definido, es hasta qué punto ese poder debe ser ejercido.
Así que al final, todo depende de donde pongamos cada uno de nosotros la línea roja de lo que separa lo que es una democracia de lo que no lo es.

Por ejemplo, Marruecos está considerado una democracia, pero bajo mi punto de vista no lo es. Que exista un parlamento marroquí cuyos representantes son elegidos por el pueblo, no convierte a un país en una democracia real si luego hay diversos aspectos cotidianos que son antidemocráticos.

Bajo el punto de vista de un británico, que vive con normalidad el hecho de que en Escocia se haga un referéndum sobre la independencia, seguramente España no sea una democracia al no permitir a los catalanes expresar en las urnas si desean seguir formando parte de España.

Y bajo el punto de vista de un suizo, que vota continuamente en referéndums cosas relacionadas con el día a día de su sociedad, probablemente Gran Bretaña, cuyos ciudadanos no pueden votar cosas que afectan directamente a su bienestar, no es una democracia real.

La teoría dice que todos estos países son democracias, pero es obvio que son países que entienden la democracia de diferente manera, que tienen puesta la línea roja en diferentes límites.

En mi caso, tengo muy claro donde está mi línea roja. Para mí, el concepto de la democracia es muy similar al que tienen en Suiza. Creo que el ciudadano tiene derecho a expresar y a decidir a partir de su voto, y para mí lo ideal sería un país construido bajo esas premisas.
Creo recordar que desde que soy mayor de edad he votado en todas las elecciones que se han llevado a cabo. Y ahí ha acabado el tema.
Pero nunca se me ha preguntado nada más, nunca he podido expresar mi opinión a través de referéndums vinculantes.
De hecho, la decisión política más importante tomada en la España contemporánea, fue la intervención en la guerra de Irak. Para tan crucial momento no se preguntó a la ciudadanía su opinión, seguramente porque el resultado hubiese sido que el 90% de gente se oponía a la guerra.
Tampoco la población votó para decidir si querían que el estado rescatara a los bancos. Y tampoco nadie ha votado para tomar una decisión sobre si el país debe acoger refugiados y en qué cantidad.
A mí me hubiese gustado votar todas estas cosas. Y también votar una nueva constitución, puesto que la que hay ahora yo no la he votado (igual que la inmensa mayoría de ciudadanos vivos a día de hoy).
Pero la realidad es que lo único que he podido votar en toda mi vida ha sido para decidir qué político quería que mandara.

¿Es España una democracia? Es obvio que sí. Nadie podría decir lo contrario sin riesgo a ser tachado de insensato. Pero en mi caso, lo que sucede es que mi línea roja sobre lo que considero una democracia está bastante lejos de la democracia que es España, pero es obvio también que hay mucha gente en España que está contenta con que la línea esté en ese lugar. Y es una postura legítima y muy respetable.

Y es aquí donde nacen los problemas. Porque en Cataluña, podemos decir sin riesgo a equivocarnos que hay una división total en cuanto a la gente que está a favor de la independencia y la que no lo está. La cosa ronda el 50%. De hecho, por eso se habla del “conflicto” de Cataluña. Si la cosa estuviera menos disputada, no sería tal.

Pero si bien es cierto que sólo la mitad de los catalanes ahora mismo son partidarios de la independencia, hay otra cifra muchísimo más importante, que es aquella que dice que un 80% de los catalanes quieren hacer un referéndum sobre la independencia. Hay gente que está luchando de forma encomiable para que se haga el referéndum y poder votar que quiere seguir siendo español.

Si los catalanes (y aquí podemos generalizar, puesto que un 80% de la población da potestad para ello) tienen esa línea roja de la democracia puesta en un lugar muy distante de donde la tiene el resto de España, nos encontramos frente a un conflicto interminable, puesto que se está hablando ni más ni menos que de las reglas del juego.
Es como si pusieras a jugar al Barça de futbol contra el Madrid de baloncesto. Es un partido imposible, que nunca se va a llevar a cabo porque ambos equipos entienden el juego y sus reglas de diferente manera. Nunca nadie va a ganar, nunca nadie va a perder, porque nunca va a haber partido. Llegará un punto en que cada uno, después de fracasar en el intento de convencer al otro de que sus reglas son las mejores, cogerá la pelota y se irá para casa.

Es muy difícil pronosticar qué pasará en los próximos años en Cataluña, pero a veces prestando atención a temas troncales como son las mismas reglas del juego, me da por pensar que el hecho de que los catalanes crean que pueden votar para decidir su futuro, y que paralelamente los españoles piensen que no pueden hacerlo, es un signo inequívoco de que catalanes y españoles no pueden vivir en el mismo país.
Porque a día de hoy, parece imposible que ninguna de las dos partes consiga que el otro renuncie a sus reglas del juego, porque aceptar las reglas del juego del otro y renunciar a las propias es como aceptar la derrota.

A mí, personalmente, me parece bastante improbable que España permita que en Cataluña se haga un referéndum y que acepte el resultado. Pero me parece todavía mucho más improbable que los catalanes acepten que nunca jamás van a poder decidir su futuro y que se resignen a estar de por vida en un estado que no les permite votar.

Vienen tiempos de tensiones, de disputas. Y de que cada uno se reafirme en su postura inamovible. Hasta que llegue un punto en el que será absurdo obviar que ninguna de las dos partes conseguirá que el otro quiera jugar con reglas ajenas. Y entonces, cada una de las partes, cogerá la pelota y se irá para casa.



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8 Comentarios
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21/06/2017 - Ubay Serra Sánchez
Sí, señor, me ha encantado tu opinión, y la comparto al 100%. En mi caso estoy a favor de un referéndum, sin embargo, tengo motivos para votar cualquiera de las dos opciones. Así pues, aprovechando que, por suerte, estaré en Barcelona durante la votación, intentaré tomar la mejor decisión. ¡Un abrazo!
21/06/2017 - Xavi
Me alegra que te haya gustado, Ubay! Yo todavía no sé si podré estar, porque en teoría estaré en Malta... pero haré todo lo posible! Nos vemos en las urnas!!! :)
21/06/2017 - Pablo
Me ha gustado mucho tu reflexión. Y más porque creo que compartimos la visión. Yo también desearía que nuestra democracia fuera como la Suiza, al menos en lo que se refiere la regularidad con la que acuden a las urnas por motivos aparentemente poco importantes. Echo mucho de menos en nuestra democracia esa virtud de la suiza.
Ojalá los catalanes pudieran votar y el resultado fuera respetado. Sin embargo hay otro aspecto que debería tratarse también: ¿ para un tema tan trascendental una mayoría simple es suficiente? ¿Si sale un 50,01% de Sí, nos conformamos y damos por bueno el resultado? En mi opinión no, y en asuntos como la OTAN, la guerra de Irak, o grandes reformas o cambios en la estructura de un país cómo sería la independencia de Cataluña debería haber una mayoría cualificada de al menos dos tercios. Hay decisiones qué son tan importantes que creo que deberían ser respaldadas por una amplia mayoría de la sociedad. El brexit fue un ejemplo de un referéndum mal planteado, en mi opinión. Dicho lo cual hay que respetar el resultado como se esté haciendo.
Retomo la idea inicial: ojalá los catalanes pudierais votar por este y por muchos otros aspectos que os parezcan importantes o relevantes. Ojalá todos pudiéramos votar más de lo que nos requieren cada 4 años.
21/06/2017 - Xavi
Hola Pablo! Me alegra que te haya gustado el artículo!
Bueno, el tanto por ciento necesario para que una votación pueda ser aceptada es tan sólo una de las muchas cosas de las que hay que hablar ante un referéndum. Hay otras también muy importantes: cómo será la pregunta, qué día será la votación, quien podrá votar y quien no, etc...todas estas cosas, se deben negociar antes. El problema ahora no es ni con el tanto por ciento, ni con la pregunta, ni con el día ni con cualquier otra cuestión. EL problema ahora es que no se quiere negociar un referéndum. Ojalá algún día tengamos que negociar qué tanto por ciento es válido... pero creo que desgraciadamente ese momento no llegará.
Iremos viendo....
21/06/2017 - Carla
Tb estoy de acuerdo, salvo con una cosa. Somos muchos los españoles que defendemos el referéndum, y cada vez más. Animo.
21/06/2017 - Xavi
Gracias Carla por tu aporte!
Esa es la esperanza, que cada vez haya más gente favorable al referéndum!
Pero creo que ahora ronda el 30%... lejos del 80% que hay en Cataluña. Veo difícil que un gobierno español se aventure a respaldar un referéndum sabiendo que es una cuestión muy impopular... pero bueno, la esperanza es lo último que se pierde!
Un abrazo!!!
23/06/2017 - Itziar
Estoy de acuerdo con que está democracia sería más democracia si la ciudadanía votase las cuestiones importantes (y no solo quién gobernará cada cuatro años). Y aunque habría que valorar qué es importante y qué no lo es tanto, sin duda la posible independencia de Cataluña es un asunto que habría que votar.
Como dices, para eso habría que reescribir las reglas del juego y ahí está el reto. ¿Lo conseguiremos?
23/06/2017 - Xavi
Gracias por tu comentario Itziar.
Bueno, pues ahí está la clave de todo, la capacidad de cambiar las reglas del juego.
A ver qué sucede próximamente...

 
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