El virus más letal de todos: el miedo.
Xavi Molins
Xavi Molins
La ambulancia
¿Sobre qué escribo en esta web? Libros, viajes, emprendimiento, política, fútbol... y sobre todo aquello que me apetece compartir contigo.



El virus más letal de todos: el miedo.
Publicado el Sábado 14-03-2020 - (4 comentarios)





Desde que hace más de dos décadas empezó mi vida de viajero, siempre he sido consciente de que luchaba contra el narcótico más peligroso que existe, el virus más letal, la infección más contagiosa de todas: el miedo.

Hace más de veinte años, andaba con mi idea de ir a vivir y trabajar a Inglaterra. Tenía prevista la salida a principios del 2000. Era un momento perfecto para hacer algo importante: milenio nuevo, vida nueva.
Pero entonces empezó lo que llamaron “Problema del año 2000”, es decir, que a partir del 1 de Enero de ese año todo dejaría de funcionar: los aviones no despegarían, los trenes no arrancarían, los hospitales se saturarían… pero lo cierto es que nada pasó.
Desde ese momento, y hasta ahora, ya sea en mi vida de viajero como bloguero al principio, como ahora en el negocio de los viajes, siempre he dado por hecho que mi misión principal era intentar quitar el miedo a la gente, hacerles comprender que el mundo es un lugar mucho más seguro de lo que otros tratan de predicar.

Pero no me lo han puesto fácil.

Los poderes fácticos siempre han magnificado las desgracias o los problemas para infundir el miedo:
El citado problema del año 2000.
Las vacas locas.
El Sars.
La gripe aviar.
Las armas de destrucción masiva.
La gripe porcina.
El Mers.
El terrorismo.
Los accidentes de avión.
El ébola.
El zicka.

En los respiros que daban tales catástrofes entre sí, en el caso de que nada sucediera se echaba mano de cosas más esotéricas, como la profecía de Nostradamus, el fin del mundo Maya o cualquier pavada que tuviera un nombre lo suficientemente alarmante como para infundir terror.

Pero la realidad es que todas esas anteriores catástrofes tienen una cosa en común: no fueron, ni de lejos, tan graves como algunos pronosticaron. Que es exactamente lo que creo que va a pasar ahora con el coronavirus.
Porque la realidad es algo que se impone tan pronto dejamos de lado la histeria que otros quieren inculcarnos. Y la realidad, tozuda ante cualquier intento de enmascararla, dice que en los últimos 60 años no han habido variaciones importantes en la mortalidad de España, que ronda el 0,9% (https://datosmacro.expansion.com/demografia/mortalidad/espana)
Y el coronavirus no va a alterar esa cifra, aunque algunos se empeñen en vender el apocalipse.

En España se mueren cada año alrededor de 430.000 personas. Y la cifra de este 2020 seguramente será similar.
Morirá mucha gente por el coronavirus, es cierto. Como otras muchas causas. Porque la realidad es que en España muere mucha gente cada día, aproximadamente 1.200 personas.
Es decir, 1.200 personas se levantarán hoy por la mañana, irán al baño, se mirarán en el espejo y no tendrán ni idea de que es la última vez que harán este gesto rutinario.
Porque lo que es de una certeza absoluta es que morimos, y morimos en gran número. Cada día. Con coronavirus o no, con gripe porcina o no, con terrorismo o sin él.
Debemos estar preparados para eso, para saber que hoy puede ser nuestro último día. Y sería una pena desperdiciarlo teniendo un miedo desmesurado a morir cada vez que alguien nos lo quiera inculcar.

Vaya por delante que el que escribe estas líneas ha sufrido la gripe aviar. También el Zicka. Y varias enfermedades más, algunas de ellas relacionadas con mi vida nómada, otras no. La gripe aviar me dejó días con algo de fiebre, con un malestar notorio, con un cansancio descomunal. Pero recuerdo que aquellos días, como buen autónomo, no dejé ni de trabajar.
Del Zicka ni me enteré. Me lo diagnosticaron a posteriori en unos análisis.
Todo esto no tenía nada que ver con lo anunciado, con la gran epidemia que se decía que ponía en jaque a la humanidad. Pero lo cierto es que en esos casos, y como ahora con el coronavirus, si no somos muy mayores y tenemos una salud aceptable, lo más probable es que cualquiera de estas enfermedades como mucho nos dejen unos días postrados en la cama.
Y eso, hay que aceptarlo como parte de la vida. Tampoco es tan grave pasar unos días enfermo. Es nuestro peaje. Cosas por las que hay que pasar si queremos seguir vivos. Es lo que da sentido y valor a la salud. Porque pensar en llegar a los 100 años sin pasarte unos cuantos días o meses sin salud, es ser poco realista y empezar a prepararle el camino a la frustración. Y al miedo.
Pero el miedo a enfermar desaparece cuando aceptamos que lo normal, lo lógico, es que nos pongamos enfermos. Y el miedo a morir, se desvanece observando las estadísticas.

Por eso, lo que está sucediendo en España estos últimos días es basante sorprendente.

La histeria colectiva se apoderado de la gente. A pesar de la experiencia de todas las hecatombes que tenían que haber sucedido y no han pasado.
A pesar de que los números hablan por sí solos. A pesar de que en el epicentro de toda la catástrofe, China, han muerto 3.000 personas en los últimos 3 meses. En China, un país con una población de 1.400 millones de personas y una mortalidad anual del 0,8%, no es un cifra escandalosa precisamente.

Lo que de verdad nos va a matar es el miedo.

El miedo, eso que hace 20 años que estoy intentando combatir a través del viaje.
Porque cuando alguien deja de viajar a un país porque una vez hace años hubo un atentado, ya se está muriendo un poquito. Porque cuando alguien viene hipervacunado a Malasia, país en el que vivo actualmente, simplemente porque ha habido algun caso de malaria en algun pueblo remoto de la isla de Borneo, ya está empezando a morir. Porque cuando dejamos que nos invadan los miedos irracionales, ya estamos muriéndonos.

Pero afortunadamente siempre estarán las estadísticas para quien quiera salir de esta espiral donde algunos interesados quieren meternos y no dejarnos salir. Porque los números no engañan, al contrario que las emociones.
Y el miedo, como emoción primaria, no entiende de lógica, por eso es el arma más potente para manipular a la gente.

Porque a pesar de todo lo que se está llegando a decir sobre el coronavirus, a pesar de toda la maquinaria del terror trabajando a destajo, a pesar de los males augurios que muchos pronostican y a pesar de todas las opiniones tremendistas, probablemente en España, una vez el coronavirus haya dejado de ser noticia, habrán varias certezas absolutas, extraídas al hallar un denominador común a todas las catástrofes que llevamos viviendo en los últimos 20 años:
  • La tasa de mortalidad no habrá tenido una variación que no haya experimentado en los últimos 60 años.
  • Algunos se habrán forrado.
  • Algunos habrán estado todo el tiempo infundiendo miedo. En el mejor de los casos, están relacionados directamente con los anteriores. En el peor de ellos, son los mismos.
  • Morirán más empresas por el miedo al coronavirus, que personas por el coronavirus propiamente dicho. Eso no sería un problema sino fuera porque la muerte de empresas acarrea un descenso brutal de la economía, que se refleja especialmente en falta de inversión en la sanidad pública y los recortes, que se traduce en muertes. Pasó en la crisis del 2008 y pasará en esta.
  • Comprobaremos que se suscitó una alarma que fue desproporcionada, y nos sentiremos engañados de nuevo, pero nada impedirá que volvamos a dar credibilidad a la próxima historia que digan que va a acabar con la humanidad.
  • Cederemos unas cuantas libertades más, y el poder verá lo fácil que es amedentrar a millones de personas y tenerlos en casa atemorizados. Oro líquido para los perversos, que en el próximo pronóstico del fin del mundo irán un poquito más lejos. Aumentarán el riesgo, y por tanto endurecerán las medidas. Ahora ya se han atrevido a confinarnos. Vía libre para una vacunación obligatoria. Ya nadie pondrá objeciones. Pero lo peor de una confinación, es que se esfuma la posibilidad de hacer comparaciones. ¿Hubiera llegado España a las 800.000 infecciones y 15.000 muertes, como en las gripes comunes de años pasados? Ya no lo sabremos, y los que nos guiamos por las cifras y no por las emociones nos quedaremos sin baremos.
  • Tendremos desconfianza hacia nuestros semejantes. Esta vez le ha tocado a los chinos. A veces es a los musulmanes, a veces a los gays, otras veces a los africanos. Da igual, siempre hay alguien a quien echarle la culpa. Los que están siempre con el dedo acusatorio, en el mejor de los casos están directamente relacionados con los de los puntos 2 y 3. En el peor de ellos, son los mismos.
  • Cuando todo acabe y hagamos balance, comprobaremos que el miedo al coronavirus ha sido más nocivo que el coronovirus mismo. No hace falta ser muy avispado para saber que lo que hará estragos en España será la saturación sanitaria. Pero los hospitales no los saturarán los que tengan riesgo de morir de coronavirus, sino los que creen que van a morir de coronavirus. No puede ser de otra manera, ya que es incompatible anunciar 90 días de lluvia y confiar en que no se agoten las existencias de paraguas. Dada la alarma social creada, ante cualquier síntoma mucha gente irá a centros sanitarios, ocupando tiempo y espacio que impedirá a los infartados recibir los cuidados necesarios para que la cifra no aumente (15.000 muertes al año).
  • Comprobaremos que nos hemos obsesionado con una pandemia que habrá resultado ridícula en comparación con otras pandemias de más fácil solución, como el hambre (9 millones de muertes al año). Pero nadie exigirá un marcador que vaya contando los muertos al minuto, entre otras cosas porque el coronavirus resultará siempre perdidoso y eso no vende.

Pero algo sí ha cambiado esta vez.
Se han cruzado límites que parecían infranqueables: se han cerrado fronteras, se han decretado estados de alarma, se han cerrado escuelas, empresas, restaurantes, espectáculos...

Esta vez, ha cundido el pánico.

Ahora, cobra más sentido que nunca el refrán de que es peor el remedio que la enfermedad. Porque las muertes por coronavirus serán pocas comparadas con las que provocará la crisis económica que eso conllevará, especialmente en países como España e Italia, con dependencia del turismo para cuadrar los presupuestos del estado.

Porque siempre, cuando uno vislumbra el apocalipse, acaba tomando decisiones equivocadas que provocan una situación peor que la original. Como cuando tuve el zicka, y además reincidentemente, y eso hizo que con mi pareja pospusiéramos un año y pico nuestra decisión de ir a buscar nuestro segundo hijo. Al final, y como siempre, resultó ser otra camama, y los millones de bebés semejantes a monstruos con el cráneo pequeño que tenían que nacer, nunca vieron la luz. En cambio, posponer nuestra paternidad hubiera podido resultar un error irreparable.

No sé si me quedan fuerzas para seguir luchando por esta causa, la de intentar apaciguar a la gente intentando extender el mensaje de que el miedo es mucho peor que cualquier otra causa peligrosa. Hay veces que estoy a punto de abandonar.
Pero de momento voy a seguir haciéndolo, y desde aquí lanzo un mensaje de serenidad avalado por los antecedentes de todas las veces que se tenía que haber acabado el mundo y nunca sucedió.

Y también un mensaje de realismo constructivo y optimista, para decir que probablemente la mayoría de nosotros se contagiará de este coronavirus. Igual que muchos de los que leeis estás lineas os infectasteis con el Zicka, la gripe aviar o la gripe porcina, pero nunca lo supisteis porque no os hicisteis las pruebas. Sólo las personas mayores y/o con salud precaria corren riesgo de veras, a decir por las estadísticas, que nunca mienten. Y estas mismas personas, probablemente podrían morir comiendo un alimento en mal estado, pero eso no hace que los que no están en su misma situación tengan que dejar de comer.

Es el momento de llamar a la calma, y preocuparnos por las personas que sí están en riesgo en estos momentos. Que afortunadamente para la sociedad, son una minoría.

Pero no me gustaría acabar este escrito sin decir que todo lo expuesto aquí es una opinión propia, de una persona que no es facultativa a nivel médico. Mi pronóstico sobre lo que sucederá en esta crisis del coronavirus es lo que he expuesto en los 9 puntos anteriormente citados.

Pero también hay otra posibilidad.

Que esté equivocado.

Que no suceda lo que he vaticinado.

Y que el coronavirus realmente sea una pandemia temible.

Que esta vez vaya en serio.

Que provoque centenares de millones de muertes.

Que la gente sufra.

Que el mundo se hunda.

Que el apocalipse esté a la vuelta de la esquina.

En este caso, no sentiré impotencia ni miedo, sino rabia.

Rabia hacia un sistema que, además de fabricar individuos neuróticos y atemorizados capaces de desabastecer supermecados y colapsar hospitales, habrá fabricado también descreidos como yo. Incrédulos que ante la constante y periódica utilización del miedo para amedrentarnos hemos dejado de confiar en todas las veces que se nos ha dicho que venía el lobo. Pastores nosotros, os creímos las primeras veces, el resto ya no.

Como lo de ahora sea verdad, y si sobrevivimos, no os lo perdonaremos nunca.



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4 Comentarios
Añadir comentario
15/03/2020 - Jesús
Como siempre, añadiendo sentido común. Que parece que perdemos, aún más si cabe, en estas
circunstancias. Gracias Xavi.
15/03/2020 - Laura
Gracias por tus palabras Xabier, comparto 100% tu análisis y hasta tus dudas finales.
El miedo nos hace tan manipulables...
16/03/2020 - Marta
Xavi, ja trobava a faltar els teus escrits. Simplement Brutal! gràcies!

**

Xavi, ya echaba en falta tus escritos. Simplemente Brutal! Gracias!!!
17/03/2020 - Lluïsa
No pus estar més d'acord amb la teva anàlisi de la situació. Moltes gràcies per compartir-la.

 
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