¿Cuándo acabarán los confinamientos?
Xavi Molins
Xavi Molins
La ambulancia
¿Sobre qué escribo en esta web? Libros, viajes, emprendimiento, política, fútbol... y sobre todo aquello que me apetece compartir contigo.



¿Cuándo acabarán los confinamientos? Creo que sé la respuesta… y me asusta.
Publicado el Martes 02-02-2021 - (7 comentarios)





Y no tiene nada que ver con la maldita curva, las vacunas, el grado de incidencia ni lo saturadas que están las UCIS.
La respuesta alude a una cosa mucho más primaria, elemental y básica: se trata de la manera en cómo los seres humanos tomamos las decisiones.

Sí, estoy obsesionado con este tema. Desde que en 2014 publiqué mi último libro, tuve claro cuál iba a ser el siguiente. Desde entonces, he cavilado mucho sobre este futuro libro. Podría decir que tengo mucho avanzado. Tengo el título, el contenido, los esquemas, el hilo, los temas de los que hablaré, el ritmo… de hecho, el libro está casi hecho. Sólo me falta una cosa: tiempo para escribirlo.

En estos seis años, en los que he dedicado mucho tiempo a profundizar, investigar y recabar información, me he llegado a obsesionar con un hecho que me parece fascinante y a la vez desolador. Hablo de la manera en cómo la gente es capaz de arruinarse la vida por tomar malas decisiones. Tirando del hilo, investigando y comparando, descubrí algo que me pareció revelador. Porque mi libro trata sobre trabajo, emprendimiento, riesgos al invertir… pero comprobé que el patrón que una persona sigue en decidir una cosa profesional es exactamente el mismo que sigue cuando decide cosas personales, materiales o sentimentales.

Bueno, vayamos por partes.

Dejemos en primer lugar un espacio para la ciencia. Porque hay varias cosas que se han demostrado a nivel científico, a pesar de que yo no me las creo todas. Sí… ya sé que queda muy feo llevarle la contraria a la ciencia, pero siempre he tenido serios problemas con la autoridad. La ciencia no deja de ser otra imposición jerárquica que no me acaba de simpatizar. Así que me voy a permitir el lujo de contradecirla parcialmente, por pura rebeldía crónica y porque… joder, este es mi blog y digo lo que quiero.

Bien, pues dice la ciencia que se toman mejores decisiones por la mañana, sin tener hambre y con la vejiga llena. Estoy de acuerdo en las dos primeras e intento aplicarlas siempre que puedo. Pero no con la tercera, y es aquí donde manifiesto mi discordancia con la ciencia. Porque la ciencia no diría lo mismo si hubiera tenido la infección que yo tuve en la India y que me dejó una próstata que nunca ha vuelto a ser la misma. Alguna vez he probado esta teoría y antes de desojar la margarita me he bebido tres cuartos de litro de agua. Y la conclusión a la que he llegado es que da igual si se trata de subrogar una hipoteca, de ponerme implantes dentales o de alicatar la cocina: siempre acabo decidiendo lo mismo, y es que tengo que ir al baño.

Pero bueno, voy a intentar recuperar el hilo del post, puesto que yo venía a hablar de cosas serias, del confinamiento y de la pandemia, y releyendo lo que llevo escrito hasta ahora esto parece el blog de Manolito.

Decía que la ciencia ha demostrado que se toman mejores decisiones en según qué circunstancias, y estoy en parte de acuerdo porque se ha podido demostrar con varios experimentos que un individuo con la barriga vacía tiende a tomar decisiones cortoplacistas y en cambio otro saciado contempla el largo plazo y lo tiene muy presente a la hora de decidir. Quedémonos con la palabra ‘cortoplacista’ porque para mí es donde está la clave de todo. Lo recuperaremos más adelante, pero antes quiero continuar con mi batalla contra la ciencia para aducir que mi discordancia con ella viene dada por el hecho de que nos estudia como animales racionales y nosotros ya hace tiempo hemos perdido el instinto animal que nos permite tomar buenas decisiones sobre nuestra supervivencia.

Hay dos factores que lo demuestran. El primero es el hecho de que estamos destrozando el planeta, y eso no lo hace ningún animal que se tome en serio la continuidad de su especie.

Y en segundo lugar, es la de la adulteración de la pirámide poblacional. Porque todo animal entiende que la manada prevalece al individuo y que bajo ningún concepto un individuo longevo puede lastrar el bien del grupo.
Las manadas migratorias de elefantes, ñus y demás especies saben que el grupo no puede parar porque les va la vida en ello. Y el ejemplar que se sabe viejo y que constata que no va a poder seguir el ritmo, para, se sienta y se deja morir. Porque nunca pondría en riesgo la integridad de la manada, entre los cuales están sus descendientes. Y el grupo lo acepta, porque saben que es ley de vida y que debe ser así.

En cambio nosotros tenemos al abuelo de 90 años en la cornisa dispuesto a suicidarse y hasta el vecino del quinto, que lleva toda la vida puteándole, intenta disuadirle. ‘¡No te tires Pepe!’. ‘¡Estás pasando una mala época, pero pronto le encuentras sentido a todo!’. ‘¡Que lo bueno de la vida viene ahora!’

Nos hemos propuesto llegar a los 100 años y es tan grande la tozudería que seguiremos haciéndolo hasta que por pura supervivencia los bebés sufran una mutación que les permita hablar a los dos meses de vida para pedirnos educadamente que nos larguemos de una puta vez y que les dejamos espacio a ellos.
El ser humano, en su desorientación como especie y en la pérdida del instinto animal necesario para sobrevivir, erra cada vez más en la toma de decisiones porque está tan desvinculado de su entorno que ha perdido la capacidad de entender cómo funciona la vida.
Por eso, las decisiones que toma cada vez están menos vinculadas al instinto animal de supervivencia y más capitaneadas por un miedo irracional totalmente adulterado que ha aflorado en las sociedades modernas como una losa de la que va a ser muy difícil desprenderse.

¿Cómo toma las decisiones el ser humano?
Para mí no hay duda de lo que voy a explicar ahora.
Siento decir que esta tesis no está apoyada por ningún estudio de ninguna universidad ni por ningún erudito de pelo cano. Se basa todo en mi propia experiencia como observador, en mis conversaciones con gente conocida y el análisis que hago del comportamiento de mis alumnos.
También extraigo información de páginas web de otros frikis y de comunidades de Facebook de inadaptados como yo.
Para añadir más desfachatez a la credibilidad de mis teorías, debo decir que en los momentos en los que lo veo todo claro y me dispongo a explicarlo suelo tener un Gin Tonic bien cargado en la mano, como esta noche.
Yo lo llamo lucidez, pero es probable que alguien menos benevolente me adjetivara de manera distinta.

Pero a pesar de todo, creo que no me equivoco si digo que el ser humano, a la hora de tomar decisiones importantes, se equivoca constantemente porque ante dos posibles opciones acostumbra a acabar eligiendo la que a corto plazo comporta menos dolor. La opción fácil. Vamos a llamarle la opción A. Pero esta elección suele ser un grave error que puede comportar una pérdida de calidad de vida muy importante.
Esto sucede en la primera fase. Pero llega un punto en que esa opción que a corto plazo era menos dolorosa, acaba convirtiéndose en más grave que la que en la decisión inicial era la opción B. Es entonces cuando se opta por la opción B.
Pero… ya es demasiado tarde.

Hay veces en que la equivocación a la hora de decidir se paga muy cara y el daño que ha provocado es irreparable e irreversible. Y todo, por no haber sido lo suficientemente valiente de elegir la opción B de buen principio, cuando ya se intuía que era la opción correcta (pero la más difícil de tomar).
Por eso el 80% de gente es infeliz en su trabajo. Pueden dejarlo cuando quieran, pero si no están excesivamente mal no lo harán.
Quedarse en el trabajo es la opción A, dejarlo es la opción B.
La mayoría de gente elige la opción A, que es la que a corto plazo es menos dolorosa. Y seguirán eligiéndola mientras quedarse en el trabajo sea menos doloroso que dejarlo. ¿Cuándo cambiaran de opinión? Cuando al entrar por la puerta de la oficina les asalte un ataque de ansiedad, cuando cada una de las palabras de su jefe resulten punzantes, cuando ya no puedan psíquicamente aguantar más. Sólo darán el paso cuando el dolor de permanecer en el trabajo sea claramente mayor que dejarlo.

En cuestiones sentimentales sucede de manera muy similar. Cuando una pareja ya ha perdido toda la magia que les unía y cada vez están más distanciados, separarse es la decisión más sensata… pero también la más dura, porque separarse de alguien al que todavía se quiere es probablemente una de las cosas más traumáticas que se pueden decidir. Por eso la mayoría de parejas no lo hacen a los primeros síntomas. Porque esa es la opción más difícil. La fácil, la que implica menos dolor a corto plazo, es continuar, la opción A.
Y sólo pasaran a la opción B cuando ya no puedan dirigirse 4 palabras sin que 2 de ellas sean irrespetuosas. Cuando el dolor de continuar la relación sea indudablemente más elevado que abandonarla.
Pero llegar a la opción B de esta manera tiene unas consecuencias terroríficas, devastadoras y excesivamente dañinas.

Así que ante la pregunta con la que he titulado este post, sólo cabe aplicar la misma lógica. ¿Cuándo se acabarán los confinamientos y la falta de libertad? Sólo cuando exista una certeza tangible, indiscutible, innegable e irrefutable de que los confinamientos son peores que el Covid-19. Pero llegar a ese punto puede resultar de un dramatismo sobrehumano.

Hay dos razones importantes por las que, si llega ese momento, será de aquí bastante tiempo, alargando la agonía.

La más importante es que quien está decidiendo cerrarlo todo no sufre las consecuencias de esa decisión. Políticos y dirigentes de organizaciones mundiales siguen cobrando cada mes, independientemente de lo que suceda. Si ellos hubieran perdido su empresa después de 17 años de trabajo, también todo su patrimonio y vieran su vida romperse en añicos, como el que escribe estas líneas, valorarían otras opciones.
De la misma manera que un congresista votaría que su país no entrara en una guerra si fuera uno de sus hijos el que tuviera que ir a luchar en primera línea. Pero el drama de las decisiones importantes es que quien las toma no recibe las consecuencias.

Y la segunda razón, y la más poderosa, es que a los entes que mandan en el mundo el confinamiento les está resultando un jugoso negocio al que no van a renunciar fácilmente. Se benefician de la situación actual, así que no pondrán mucho empeño en intentar solventarlo pronto.
Hay muy pocas cosas en las que todos nos podamos poner de acuerdo, pero hay una que a día de hoy es unitaria, y es que por fin tenemos claro quién manda en el mundo. Compañías tecnológicas (Facebook, Amazon, Google, etc…), medios de comunicación, compañías alimentarias (ojo a las subidas de precio que ha habido este año, que han pasado desapercibidas ante tanto aluvión de noticias), farmacéuticas (cling, cling, cling) y bancos. Estos últimos son los más mezquinos de todos, porque su beneficio llega rocambolescamente, con una técnica que ya funcionó muy bien en la crisis del 2008 y que por lo tanto no van a dudar en repetirla.
Se trata de que la población se endeude, incentivando que pidan créditos, hasta que llegue un punto en que no puedan pagarlos. Entonces viene el estado y rescata a los bancos con el dinero de los impuestos de los mismos que han pedido los créditos ICO. La siguiente fase es la más divertida. Es cuando el Estado se ha quedado sin dinero porque ha rescatado a los bancos, y entonces recorta en sanidad. Pero luego toda la culpa es de un virus.

Hay veces que tanta rabia hace nacer en mí una maldad que me hace estar muy a disgusto conmigo mismo.
Una maldad que me lleva a desear que en lugar de que se mueran ancianos indefensos en geriátricos, se mueran todos aquellos subnormales que van pintando arcoíris diciendo que todo saldrá bien, que salen a aplaudir a los balcones a la hora que les mandan y que se piensan que existen estados, empresas y organismos que velan por su seguridad.

Llegará un momento en que todo este tinglado se desmontará… pero habrá que derramar muchas lágrimas por el camino.

Por mi parte, la crisis del 2008 se llevó por delante la que era mi primera empresa, un estudio de páginas web. Resurgí, y creé una agencia de viajes, que se ha desvanecido como un castillo de naipes en esta crisis, dejándome arruinado y con una deuda impagable.
Volveré a resurgir, porque tengo motivos poderosos por los que luchar. Se llaman Àsia y Món, y me miran desde unos ojos perfectamente redondos que me dan fuerzas para intentar sacar esto adelante.

Pero sueño con un día en que la inocencia de la población se desvanezca de golpe y que la gente empiece a reflexionar sobre por qué nos pasa todo lo que nos pasa.
Y sueño también en que el poder se sienta amenazado de verdad porque pueda comprobar, de una manera fehaciente y temerosa, que no hay nada más peligroso que un padre de familia que ve cómo están jugando con el futuro de sus hijos.



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7 Comentarios
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2/02/2021 - Carme
Tendré que comenzar a beber esos gintònics...
Como siempre, le has dado al clavo... Desgraciadamente...
2/02/2021 - Veronica
Brutal Xavi, clap clap! Una vez más, has rellenado en letras un espacio que venía conversando en los
últimos meses. La antinaturalidad de la longevidad que ciertos países dan por normal me parece de
ciencia ficción. He sido duramente criticada (bravo por mí) al conversar en ciertos círculos justamente
con lo que tú expones en esta entrada. Somos nuestras elecciones. Y lo fácil y arrogante es decir que
el otro no lo hace del todo bien, que el mundo es injusto y que los políticos roban. Sí sí, 'y usted qué
hace para su futuro señor?' Desde hace tiempo que en cuanto leo tus entradas son la manifestación de
mis ideas, de mi actuar en la vida. Y me arrancáis (lo digo en plural, hablando por todo el equipo) una
sonrisa, animándome a seguir en el camino que he elegido, contribuyendo a mi alrededor con ideas
argumentabas y personificadas, y al fin, sabiendo que estamos junt@s. Gracias y seguimos!
2/02/2021 - Rafa
Es evidente que nuestro lugar en el mundo ha cambiado tanto que no nos reconocemos. El tabú hacia
la muerte y la obligación de mantenernos jóvenes eternamente están en la base de parte de las
decisiones que se toman respecto a la pandemia. Se ha perdido la noción del tiempo, lo cual implica
haber perdido el concepto de finitud.
Ánimo.
2/02/2021 - Toni
Hola Xavier,
De todo esto que hablas creo que muchos de nosotros también le hemos dado vueltas.
He hablado con unos y con otros. No hace falta ser un friki, ni siquiera un conspiranoico para darse
cuenta de un par de cosas.
La especie humana, aunque ha perdido su instinto animal básico de superviviencia, no lo ha
perdido del todo. El suicidio solo sucede en situaciones desesperadas; no se suele realitzar en
beneficio de la comunidad, para que esta se pueda salvar.
Sabemos que la especie humana es el equivalente a una plaga. Somos una especie sin
depredadores naturales. Las guerras y hambrunas han hecho esa función durante siglos, y la sigue
haciendo a pequeña escala. Quiero decir, que sigue habiendo países en guerras cruentas, con
enfermedades mortales, y hambrunas, pero aun así estoy seguro de que entre los mamíferos,
somos la especie depredadora que más se reproduce, y más recursos utiliza y esquilma en la
tierra. Hay un desequilibrio claro en la naturaleza, y esta se intenta regular. El calentamiento global
no es más que el intento de regular ese desequilibrio. El problema es que los anteriores
calentamientos quizás han sido más progresivos (excepto cuando cayó el famoso meteorito que
extinguió a los dinosaurios, y muchos otros seres vivos).
Para empezar pienso (particularmente) que somos una plaga, lo cual no quiere decir que piense
que nos tenemos que auto- eliminar. Ninguna plaga animal de plaga se auto-inmola porque no es
consciente de que hace ningún daño a nada ni a nadie. Su instinto es reproducirse hasta el infinito.
El resultado final es que acaban muriendo de hambre fruto de que han acabado con todas las
existencias, o aparece otra especie que los depreda, o aparecen enfermedades que les reduce su
población…
En todo caso el instinto de supervivencia es superior al de dejarnos morir o matar en beneficio de
esta tierra o de la misma humanidad.
Por otro lado tenemos la bendición y la maldición de los sentimientos. Cuando haces referencia a
las parejas en crisis es cierto en que hay un periodo de transición hasta la ruptura total. Permanece
el recuerdo de los buenos momentos, la pena, la lástima, el dolor que puedes causar a la pareja o
a los hijos, lo cual retarda la decisión final. Hay quien tiene “esperanza” en que vuelva aquella
magia (pocos son). Hay quien convierte el amor romántico, en un amor más fraternal y de
convivencia; hay quien continua por cuestiones prácticas; hay quien tiene cariño por la otra
persona, y habiendo entendimiento, y valorando lo que ve en el mundo exterior, prefiere(n) seguir.
Hoy en dií hay 100 casos posibles, y todos con sus motivaciones subjetivas.
Todo esto para decirte que, aunque creo que no hay solución para este mundo humano, si la hay
para un mundo sin humanos. Nosotros nos extinguiremos, o quedaremos 4, y la naturaleza, en su
sabiduría regeneradora volverá a rehacerse de otra forma… Esa es la única solución. Recuerdo que
con el hundimiento del Prestige en aguas gallegas, una tragedia medioambiental gravísima, se dijo
que tardaría décadas o siglos en regenerarse. Se hizo una limpieza (lo que se pudo), y es cierto
que murieron especies animales, y no se pudo mariscar en la zona durante muchos años. No sé
cuantos años han pasado, pero me han dicho que la zona está prácticamente recuperada (sino
totalmente), y que la vida ha vuelto a brotar con fuerza. Y como el tiempo es relativo, soy
optimista en el sentido de que la vida en la tierra, sin el hombre, volverá diferente y con más
fuerza. Pero eso no pasará hasta que, o se reduzca a la mitad la actividad humana, o desaparezca
directamente. ¿Y las generaciones venideras? Tendrán que tomar conciencia más ecológica que la
que tenemos ahora para alargar su vida en la tierra. Viajar menos, reproducirse menos, generar
menos residuos no biodegradables… Un poco volver al localismo. Pero conseguirlo a nivel global, lo
veo muy difícil.

Gracias.
2/02/2021 - Isabel
Hola Xavi.
Menudo artículo para leer mientras como...qué potente...qué gran y sobre todo valiente reflexión la
que haces.
Estoy de acuerdo con la mayoría de tus opiniones, pero discrepo con el párrafo final...y te lo digo
yo, que soy super positiva, que presido una entidad de Residuo Cero, que invierto horas y horas en
concienciar de que es esencial un cambio de modelo productivo, más local, más ecológico, más
lineal. No creo que veamos nunca el día en que la 'inocencia de la población se desvanezca y que la
gente empiece a reflexionar'....muy pocos dedicamos tiempo a reflexionar, a cuestionarnos la
información que recibimos, los estímulos, el sistema en el que vivimos. Muy pocos en comparación
a los que se necesitarían para hacer una revolución en la que las personas (y no el dinero, los
beneficios, el lucro) estuvieran en el centro de las decisiones. Y lamentándolo mucho no creo que
reaccionemos aunque nos 'toquen' los más preciado que tenemos: nuestros hijos e hijas. He
formado parte de la junta del AMPA del colegio de mis hijos durante 10 años...años muy duros, un
colegio amenazado de cierre en diversas ocasiones, en los que hemos tenido que luchar mucho por
mantener un proyecto que nos gustaba y con el que nuestros hijos/as aprendían de forma amena y
natural. Los políticos y gobernantes han hecho promesas que han inclumplido constantemente...y
éramos siempre una pequeña minoría de familias las que nos movilizábamos por luchar por el
futuro de nuestros hijos, por la educación que queríamos para ellos y que nos habían prometido en
un principio. Recuerdo participar en manifestaciones por las calles de mi pueblo para protestar por
el cierre, por los recortes en educación y sanidad, y ver a muchos padres y madres de compañeros
de mis hijos mirándome pasar sentados en las terrazas de los bares, con su cervecita y su
móbil...los nuevos 'pan y circo'.
Me encantaría equivocarme, me encantaría que la gente abriera los ojos y se hicieran conscientes
del gran poder que tenemos los ciudadanos, no sólo cada 4 años, sino cada día.
Abraçades, petons i molta salut amic.
2/02/2021 - Ubay Serra
Muy buen artículo...

Efectivamente, el ser humano se autoboicotea intentando sobrevivir, y es que, su instinto de
supervivencia está custodiado por la ley de la inercia y del mínimo esfuerzo, como comento en este
artículo: https://viajealaesencia.com/instinto-de-supervivencia-y-ley-de-la-inercia/

Y, por otra parte, lamento los malos tiempos que esta plandemia han ocasionado a tu negocio. Espero
que, como siempre, puedas resurgir cual ave Fénix, más fuerte que antes.

Salud, suerte y coraje crack

Ubay
2/02/2021 - Eva
Agudo análisis que pone luz entre tanta sombra, gracias por estas letras y por tu pensamiento
discrepante, estamos a falta de voces propias. Tiempos complejos y cortoplacistas, iremos viendo
hacia dónde llegará esta deriva.

 
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